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No me canso de decirlo, pero cuando hay buen rollo con los novios, se consiguen trabajos espectaculares. Es el caso de la boda del pasado fin de semana con Sheila y Rodrigo en Tordesillas, dos personas encantadoras y muy cercanas que confiaron en mí hace más de un año. Hace menos de un mes hicimos un precioso preboda en Tiedra, y las espectativas para la boda quedaron altísimas, pues conseguimos un reportaje muy bonito, sintiéndose muy cómodos ante la cámara.

 

En casa de Rodri pasé poco más de 15 minutos con su encantadora familia, vistiendo al novio para su día más importante.

 

 

 

Solo tuve que desplazarme unos metros para llegar a la casa de los padres de Sheila, donde si que me encontré algunos nervios, con la novia acompañada de sus hermanas y parte de su familia. 

 

 

 

 

Sheila estaba espectacular, y cuando bajó a la calle estaban esperando sus vecinas para verla. Fue un momento muy bonito, previo a dirigirse a la Iglesia de Santa María, donde ya estaba Rodri esperando.

 

 

La decoración de la iglesia a cargo de Floristería Raquel Peñín impecable, como siempre, y con muy buen gusto.

 

 

 

 

Después de una emotiva y breve ceremonia los novios salieron de la iglesia, donde les esperaba una lluvia de arroz y confeti por parte de sus invitados, con muchísima juventud, por cierto. Allí mismo todos sus invitados, uno por uno, les dieron la enhorabuena a los novios, y rápidamente nos fuimos a orillas del Duero para tener un par de fotos de recuerdo con el precioso paisaje de Tordesillas.

 

 

 

 

Y después un breve desplazamiento hasta la finca de Jaime Valentín, en Valdestillas, donde hicimos una breve sesión de fotos y los novios tuvieron tiempo de tomar un descanso antes de todo lo que les venía encima.

 

 

 

 

Nos dirijimos al Palacio de Banquetes Teodoro, de Valdestillas, donde además de sus invitados, les estaba esperando una sorpresa por parte de sus amigos: el grupo de música Aviones Plateados, tributo a El Último de la Fila, uno de los grupos favoritos de Sheila y Rodri.

 

 

 

 

El lunch fue una fiesta, y con el calor que hacía el vino y la cervera corría de mano en mano.

 

 

Y después disfrutaron de un excelente banquete en el restaurante, con muchas regalos y sorpresas, tanto para novios como para invitados, con momentos muy emotivos, como la entrega del ramo de Sheila para su hermana.

 

 

 

 

Y con el estómago lleno, pasaron a la discoteca, donde los novios sorprendieron con un baile espectacular. Me atrevo a decir que con muchas horas de ensayo, y con los invitados entregadísimos.

 

 

 

 
 
 
 
Nuria Rodríguez Bragado - 18 de julio, 2017
Y como no va haber buen rollo? si son una pareja preciosa ,los dos de unas familias encantadoras,no me extraña que con esa mezcla y tu trabajo .... te haya quedado un reportaje tan bonito.
Me encanta.
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